Cuando creemos que no seremos aceptados por nuestras imperfecciones o fallas, solemos avergonzarnos ante la amenaza de ser expuestos; así, nos ocultamos para protegernos de las miradas hirientes que juzgan y condenan.
Y es un agobio vivir con permanente sensación de vergüenza y autocrítica punzante que en momentos difíciles o de estrés nos dificulta encontrar la confianza básica para relacionarnos libremente, con autonomía e independencia. La buena noticia es que podemos pasar de la crítica corrosiva a la corrección benevolente.




